el rocío jugo su última carta equivocada.
el llanto es magma y es cristal y es escoria póstuma
y juega con iris y retina
la ensoñación de sus abismos.
Mirada interior reflejo abstracto en el ojo
prisma inverosímil aerolito arenoso
en que la sinrazón pulsa las cuerdas
inmateriales de las sombras.
Oteo cansón de retaguardias
en las mamparas refractadas. Los insectos
liban el detritus de las lágrimas áridas
para un responso de cuencas aluviales.
El llanto es música prenupcial
de las pestañas secas
mordiendo el saxofón de las angustias.
Toda mejilla es pista
para el deslizamiento desbocado de las aguas invictas
y en el rodar enternecido
una mosca desayuna con la leche nasal
en el soberbio restorant de la inconsciencia.
Donde las lloronas pletóricas del ocio
ladran su requiem milenario.
Nada descubre la piel en todo río estéril.
Porque cada lágrima estancada
es un pobre manantial condenado
al eco irreversible del silencio
parto irreverente del crepúsculo
quedado llanto en los limbos de la trampa.
Llorar para adentro
contra las cataratas en desorden
hasta donde las cuencas se ofenden del glaucoma
y esperan la sal prostituida del yermo
llorante del atardecer.
Llorar hacia atrás
chocar con las antípodas del llanto
llorar el tremendo llorar del dolor último
- sublime orgasmo de la vista agradecida-.
Llorar donde el amor es retenido volantín
en los aires traicioneros de la risa coartada
por el mediodía que se eclipsa.
Las lágrimas se van se despiden
con un adiós macabro
y es la menopausia de la aurora
y solo permanece el quebranto de los ojos
ante tanta lágrima matada
de proyecciones transgresoras.
Tanta lágrima roja tanta azul y tanta negriblanca
tanta lágrima esmeralda
muerta de luto en la verde añoranza de la piel.
Y entonces
cuando cada engranaje de visión
haya cumplido su oficio de rencores
entrega su llama decadente tras un viaje
de raíces hirsutas
hasta el garach donde el corazón no puede llorar
y mata al hombre cada hora y lo sepulta en el matorral
de sus latidos dadivosos.
Y cada lágrima olvidada
es puro dolor enmascarado
poco mas acá del sitio en que los sueños pastan
su coito infernal de margaritas.
Y el hombre muere un poco cada vez
en las riberas del rocío que no corre.
Porque cuando el hombre no pueda llorar
algún enjambre de vicarias
equivocó su rumbo de jardines
en las planicies de la rabia.
Y el amor es solo una cadencia
de carillones sepultados.
Julio 20 del 2004.
Santiago Centro, Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.
Me maravilla que con esas exquisitas imágenes puede, dar vida
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